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lunes, 20 de julio de 2015

Educación vial.

La falta de educación vial genera dudas en los conductores a la hora de realizar algunas maniobras, y también lleva a interpretar de manera errónea determinadas normas. En el marco del programa ABRIENDO CAMINOS SEGUROS que llevan adelante CITROËN y CESVI Argentina, se intenta despejar algunos de los casos que más confusión generan en el tránsito.

Los siniestros viales siguen siendo la mayor causa de muertes en las personas que tiene entre 1 y 45 años de edad, un dato muy preocupante si tomamos en cuenta la falta de conciencia que existe en nuestra cultura. Hay índices alentadores aunque todavía insuficientes como un aumento en el uso del cinturón de seguridad que ahora es del 37,9% (antes 33.3%) o el uso del casco en un 53,9% cuando antes sólo lo usaban el 39,4% de los motociclistas.

Pero hay otro dato curioso revelado en las últimas encuestas, y tiene que ver con que los conductores no hacen lo que dicen hacer. Este es un claro ejemplo de que todavía encontramos ciertos cortocircuitos entre lo que dice la ley, lo que decimos los conductores y los que efectivamente hacemos. Es decir que los comportamientos son producto de un factor cultural, a veces alentado por ciertos “mitos” que nunca terminan de validarse o desacreditarse tajantemente. Es justamente la aparición de estas reglas culturales lo que nos ha llevado a elaborar un breve listado de verdades comprobables que ratifiquen la veracidad o falsedad de los conocidos MITOS AL VOLANTE:

“Con niebla muy densa y sin antiniebla, uso balizas para que me vean mejor”

Cuando circulamos en ruta, la presencia de niebla intensa suele complicar y bastante la visibilidad. Los autos que cuenten con luz antiniebla deben utilizarlas en esas situaciones, pero en Argentina el 80% de los vehículos que circulan en el parque automotor no cuentan con dicha tecnología. Por este motivo, la baliza es una buena alternativa para lograr ser percibidos por los vehículos que circulan por detrás, hasta lograr salirnos del camino que sería la opción más acertada para una mayor seguridad ante tan poco visibilidad.

“Circulando en ruta, si el conductor que circula adelante coloca el guiño izquierdo me está indicando que puedo adelantarlo?”

Las costumbres argentinas muestran que los camioneros colocan dos o tres veces la guiñada a la izquierda para avisarnos que podemos realizar un sobrepaso. Sin embargo, éste es un mito muy peligroso porque el chofer también podría estar indicando que él va a doblar a la izquierda o a sobrepasar. En concreto, la ley de tránsito indica que si se coloca este giro me está indicando la imposibilidad de este adelantamiento. Es importante que asumas tu propio criterio teniendo en cuenta la señalización de la ruta y lo que estás observando en ese momento.

“Si estoy realizando un sobrepaso, calculé mal y no llego a ingresar nuevamente a mi carril, me puedo tirar a la banquina contraria?”

Esta maniobra es causante de más del 80% de los siniestros investigados durante maniobras de sobrepaso. Es que genera un gran desconcierto en el conductor que circula de mano contraria. Estas decisiones erróneas habitualmente culminan en un choque de frente en esta banquina. En lo posible, hay que intentar abortar la maniobra de sobrepaso, pero si no es posible hay que mantener el carril lo más ajustado que se pueda con el vehículo que se está sobrepasando y es quien venía de frente el que debería bajar a su banquina para dejarnos terminar el sobrepaso.

“Con vidrios polarizados sufro menos calor”

Muchos polarizan sus autos con el objetivo de reducir el calor. Pero esto no es tan así. A partir de una serie de estudios realizados en CESVI se comprobó que la temperatura registrada en el habitáculo de un vehículo con polarizados y la de otro sin estos films, son prácticamente las mismas. Las diferencias no llegan a los 2 grados centígrados. Hay que destacar que el vidrio polarizado es causal de muchos siniestros por no poder ver a través del vehículo que nos antecede. Por lo tanto, además de multiplicar el riesgo de choques por la falta de visibilidad que provoca, no otorga beneficios adicionales como disminuir la temperatura dentro del habitáculo.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Tinelli recibió una carta y ya puede seguir arrojando gritos y basura por la pantalla.



En el último programa del año, Marcelo Tinelli leyó una emotiva carta publicada en el diario Clarín, que fue enviada por Graciela Spurio.
Marcelo querido: soy, simplemente, una mamá de dos hijas, tengo tu edad y como he vivido una experiencia intransferible, en la cual sin saberlo me acompañaste y formaste parte de ella, necesito contarte y agradecerte.
Mi hija, Virginia, de tan sólo 27 años, falleció hace apenas cuatro meses de cáncer. El día que se lo diagnosticaron, (el año pasado), cuando llegó la hora de tu programa, ella dijo: “¿¡Vamos a ver Tinelli¡?” Te confieso, Marce, que yo no veía, mi cabeza era un torbellino, mientras tanto Virginia miraba tu programa y se reía, como tantas veces, como si nada pasara.
Desde ese día hasta que falleció transcurrieron diez meses. Nos acompañaste cada noche, nos reíamos con vos, nos entretenías y yo, empecé a esperarte. Cuando Virginia se agravó y comenzó en casa su tratamiento para el dolor, dormía mucho, pero alrededor de las 22 se despertaba y nos recordaba: “¡Empieza Tinelli!”, y allí comenzaba lo que yo denominaba “la fiesta”, cada vez que ella repetía esa frase. Más tarde, mi otra hija, Corina, me hizo entender que ni empezaba la fiesta ni estábamos tan felices, pero yo, en ese momento, lo vivía así. A tal punto que como mamá desesperada le pedía al especialista del dolor que no la durmiera tanto tiempo, porque ella te esperaba y disfrutaba del programa. Esto fue así, hasta un martes. El miércoles no te miró, y el jueves al mediodía, nos dejo para siempre.
Necesitaba decirte esto, me hubiese encantado hacerlo personalmente, ¡pero no te cruzo nunca! Quería que supieras lo que se logra acompañando gente desde una pantalla. Trabajo en radio desde hace 26 años, conozco de acompañar gente, pero nunca lo había experimentado. Sólo quería que lo supieras. Quedo eternamente agradecida porque hoy, en medio de este océano de dolor, todavía acompañás a mí hija Corina y a mí, y hasta nos robas alguna sonrisa. Gracias eternas. Te quiero.